miércoles, 15 de mayo de 2013

Escribiendo sobre Mota

Puede que ya me haya habituado a escribir algún texto, acompañado de alguna que otra fotografía. Puede que ya me haya habituado a que sea una constante en mi vida, y puede que lo sea, simplemente porque me gusta.
Repasando un poco el gran abanico de sentimientos que confluyen a veces en el ser humano, la mezcla de melancolía y tristeza con ilusión y esperanza, a veces resulta un tanto complicada. Se intenta que las segundas se posicionen sobre las primeras, pero no siempre se consigue un resultado óptimo. Así que, como último recurso, no nos queda nada más que acudir, a la paciencia.

Y después de esa introducción, vamos a la explicación correspondiente a las imágenes que hoy os paso.


Julián Medianero, un vecino de Mota, hace unos días fue a mi casa. Alguien le derivó hacia mi persona, y el hombre fue a buscarme para que le hiciese unas fotos al hobbie que le ocupa su día a día, el esparto. Le dije que sí iría, y quedó en avisarme de nuevo, cuando tuviese todo colocado. Y ayer fue ese día. Después de dejar al pequeño en el cole, me acerqué hasta el lugar donde tiene "expuestos" sus trabajos. Hice las fotos, y jajaj, él me incidía en que "sacase la moto". Cosa que hice, claro. Y aquí está el resultado.
Quizás muchos no valoren ese tipo de "comunicación", pero al fin y al cabo es la que ofrece más valor al ser humano. 

Julián, en atención a mi respuesta ante su petición, me hizo una especie de canastilla de esparto, para que la tuviese como recuerdo. 






Más cosas. Buscando entre las miles de fotografías que tengo de Mota, encontré ésta, que viene a reflejar en parte, la estación primaveral que nos está dando a conocer casi todas las facetas por las que puede pasar el tiempo. Nubes, claros, tormentas, frío y calor...una variedad meteorológica al completo.




Y ya para acabar, en un tiempo de espera, como me suele ocurrir a menudo, mi cámara captó la presencia de dos rostros conocidos para mí. Muchas veces les he visto en la Residencia de ancianos. Y comencé a realizar unas tomas desde lejos.
Ayer, como imagino que hagan muchas tardes, Justo y Domingo paseaban sus recuerdos, apoyados en sus bastones. Después, bajo la tenue sombra de los árboles y sentados en uno de los bancos de la Plaza Mayor, me contaron alguna de aquellas historias que aún pueblan su mente. De los mayores, se aprende a valorar la vida.




 
Hoy, ésta ha sido mi historia para vosotros. Algo que puede resultar trivial para muchos, pero esencial para otros. 

Belén Guerrero.